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DRAMATURGIA GUION

Aire común, o la conquista de la imaginación 

Ganador de la segunda edición del Premio Estímulo en la categoría Guion, José Guerrero se presenta dentro del ciclo Temporada Alta en PROA21 con una pieza escénica que reivindica el acto de escuchar y la tradición del radioteatro. Aire comúnse estrena el 31 de enero, con presentaciones el  7 y 14 de febrero a las 19h enAv. Pedro de Mendoza 2073. 

En un mundo en el que la tiranía de las pantallas parece haber colonizado nuestra imaginación, surge una dramaturgia que propone un acto de resistencia casi primitivo: cerrar los ojos, y escuchar. José Guerrero (Río Negro, 1988) se ha consolidado en los últimos años como una de las voces más singulares de la escena literaria argentina, no precisamente por la pirotecnia de recursos visuales sino por su devoción a las pausas, a la fuerza de la voz y a la herencia de la narrativa oral.

Luego de obtener en 2021 el Premio Estímulo en la categoría Dramaturgia por su obra Metrochenta, Guerrero desembarca este verano en el ciclo Temporada Alta de PROA21 con Aire común, un proyecto asociado a una práctica profundamente arraigada a su historia personal, en la que se cruzan la infancia en el sur, la prédica de sus padres pastores evangélicos y un rumor lejano que todavía suena en el patio de su casa, donde su madre conducía un programa en la radio comunitaria. Ese tejido coral enhebra casi todos sus textos, en los que no hay héroes individuales sino un «paisaje sonoro» donde las voces se pisan y se contradicen. Guerrero escribe pensando en el ritmo de la respiración y desarmando desde adentro la tradición teatral con la desobediencia de quien conoce (y muy bien) el poder del discurso. 

Aire común, que se estrena el 31 de enero, hace guiños al universo del radioteatro, ese género encantador que alimentó la fantasía de muchas generaciones y que ahora vuelve renovado al jardín más antiguo de La Boca, el barrio donde Quinquela pintó el primer reality radial de la ciudad.

Ph Santiago Filipuzzi

Aire común nace de una idea bastante simple: pensar qué cosas compartimos sin darnos cuenta, como el aire, la voz y la escucha. La obra se fue armando desde ahí, poniendo el oído y la escucha en primer plano. Me gusta pensar que es una mezcla de radioteatro, de experimentación sonora y escénica que invita a volver a una experiencia sencilla que es juntarnos a escuchar una historia, a imaginar algo en común, no desde la nostalgia sino desde el presente. La idea fue partir de un lenguaje en apariencia antiguo y hacerlo vibrar ahora, agarrar esos guiones de radioteatros y mezclarlos con mi escritura y ver que sale” dirá el autor en una entrevista que, oh casualidad, se realiza mediante audios de Whatsapp. 

¿Cómo llegás a interesarte por el radioteatro?

En principio tiene que ver con que en mi casa estaba siempre prendida la radio, y ahí es donde aparecen voces, historias y mundos que no se ven. Recuerdo especialmente esos programas nocturnos que escuchaba con el volumen bien bajito, como si fuera un secreto. Esa intimidad que se generaba a partir de una voz me marcó mucho. Con el tiempo comprendí que esos programas, esos radioteatros, son un lenguaje potente y súper actual, y carga un gesto político también porque te invita a frenar, a escuchar y a imaginar en un mundo saturado de imágenes. Y hay algo todavía más cercano que tiene que ver con mi mamá. Ella tiene una radio comunitaria en el patio de su casa, en el sur, y desde ahí pasa música todas las mañanas, comparte noticias, pensamientos y pequeñas reflexiones. Es algo muy cotidiano, un gesto amoroso, al menos yo lo entiendo así, porque para ella y esa comunidad es un punto de contacto muy importante. La radio sigue funcionando como una compañía o un espacio de encuentro. Y esa veta afectiva con la radio está muy presente en Aire común,  por lo menos esa fue la intención. 

Eso también está curiosamente conectado con la historia de La Boca… 

Si, ese cruce aparece solo, inevitablemente. La Boca es un barrio lleno de palabras propias, de voces, relatos y lenguajes. Esa mezcla entre genoveses y lunfardos, de cantitos de cancha, se mezcla con las nuevas migraciones y el turismo. Y ese vínculo entre el radioteatro y La Boca no es solo una intuición. A lo largo de la investigación previa a la obra surgió un ejemplo hermoso: “El casamiento de Pedrín”, un aguafuerte que pinta Quinquela Martín alrededor de 1940, en diálogo con “Gran Pensión del Campeonato”,  un radioteatro humorístico que se emitía por Radio Belgrano. La trama transcurría en una pensión donde cada inquilino representaba a un club de fútbol y todos se disputaban el amor de Miss Campeonato, que era la hija de la dueña de esa pensión. El equipo que salía campeón se casaba con Miss Campeonato.

 Y en 1940 sale campeón Boca Juniors y Pedrín, el personaje Xeneize, finalmente se casa con Miss Campeonato. Fue tan popular que el casamiento se hizo en La Bombonera y después siguió la fiesta por las calles del barrio y Quinquela retrata a los novios, que en la pintura son saludados desde las veredas, los balcones y hasta de los barcos. Es un ejemplo claro de cómo se cruza el fútbol, la comunidad y esa influencia poderosa que tenían la radio y el radioteatro, que me interesaba mucho rescatar en Aire Común

El ejercicio de escuchar también atraviesa a Metrochenta, la obra que ganó el Premio Estímulo en 2021 

Aire común y Metrochenta nacen del mismo lugar que tiene que ver con la escucha. De estar atento a voces, a ruidos, a aquello que insiste y da vueltas todo el tiempo. En ambos casos no parto de una idea cerrada sino de algo más difuso que puede ser un clima, una época, un murmullo o un archivo, y en las dos piezas aparece mucho lo coral. Me interesa que las voces se crucen, se pisen, se contradigan o se acompañen también y creo que en ambas no hay un único protagonista sino una especie de tejido hecho de muchas presencias, de muchas voces. También comparten una forma de escritura que tiene que ver con correrse un poco de la dramaturgia más tradicional. Yo escribo pensando en cómo suena el texto, son textos para ser dichos. Pienso en el ritmo, en la respiración. Las obras son un paisaje sonoro, una composición sonora. Pero en el fondo es la misma pregunta: ¿Qué pasa cuando el texto se escucha y no solo se lee? ¿Qué pasa cuando se escribe para ser dicho? Esa idea me atraviesa todo el tiempo en la práctica y es lo que más me estimula. 

Eddy García en el papel de Suspiro, el personaje de Metrochenta. Ph Sol Avena

¿Cómo llegaste al premio Estímulo y que significó haberlo ganado?

Me enteré por redes sociales y por amigos y amigas que me invitaban a participar. La verdad es que fue clave, sobre todo fue un gesto de confianza, no tanto porque viniera a cerrar o a legitimar algo sino que llegó en un momento de búsqueda, cuando todavía no tenía nada claro. Fue importante, porque no premiaba una obra terminada sino una forma de trabajar, un proceso, y eso para mí es enorme, porque te da aire, te da tiempo, te permite escribir sin la presión de tener que demostrar algo. Me ayudó a confiar más en mi propia intuición, a animarme a profundizar en una escritura más híbrida, más sensible a la escucha, más abierta, y más torcida también. Lo viví como un impulso más que como una coronación. Me gusta pensarlo así: fue un empujón para seguir insistiendo en una poética.

Creciste escuchando a tus padres en el templo, y ese discurso, en su forma, no en el contenido, parece un elemento esencial en tu producción, ¿es así? 

Sin dudas. Pienso que haber crecido con padre y madre pastores evangélicos me marcó bastante más de lo que a veces parece. No tanto como tema, sino como forma, porque desde chico estuve rodeado de la palabra dicha. Pienso en la prédica, en el sermón, en el testimonio, en esa voz que se arma frente al otro, esa voz arriba de un púlpito predicando, queriendo conmover, ordenar o también disciplinar; esa voz que promete algo. La iglesia evangélica se apoya en la potencia del discurso oral. Pienso en el ritmo, en la repetición, las pausas, la intensidad: es un cuerpo que habla, y sin duda ahí se entrenó mi oído, sin darme cuenta, casi. Hoy me doy cuenta, pensándolo mucho me caen esas fichas porque escribo textos pensados para ser dichos, y escuchados. No son solo escenas que funcionan como momentos, también algo se dice y algo se juega en ese decir.  Me interesa esa energía del discurso que arrastra, que convoca, que crea comunidad por un rato, aunque sea. Aunque mi postura hoy esté en otro lugar completamente distinto y no tenga nada que ver con la fe ni con la doctrina, lo que sí me interesa es esa forma: cómo una voz puede ocupar o tomar un espacio, cómo una palabra puede afectar, generar algo en un cuerpo y, sobre todo cómo el lenguaje puede volverse experiencia también. En ese sentido, sí, pienso que mis obras muerden esa tradición desde adentro, pero también intentan desarmarla de manera artesanal, siempre con desobediencia, porque me interesa poder hablar de otras cosas.

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2023 AUTORES Cinco preguntas DRAMATURGIA

Cinco preguntas a Rocío Muñoz

Rocío Muñoz ganó el Premio Dramaturgia en 2023 con Campera, una obra de teatro profundamente personal sobre el duelo de un hermano y de la cual el Jurado destacó «un lenguaje particular, inteligente y preciso, doloroso pero lleno de humor». La autora responde cinco preguntas sobre su vínculo a la escritura.

¿Cuándo empezaste a escribir?

Empecé a escribir como excusa para actuar escenas, guiones, monólogos. En un año bastante intenso para mí la escritura empezó a ser más cotidiana y a tener un fin en sí mismo, en una especie de catarsis me empecé a mandar mails a mí misma hablando del duelo, de cosas cotidianas o de imágenes que se me venían a la cabeza. De a poco me empezó a pasar que solo actuar tenía gusto a poco: me encanta y es mi primer amor pero es un amor un poco tóxico. Escribir para mí es una relación más madura, que lleva más tiempo, un espacio donde me habilito el juego de hablar de lo que quiero, como quiero y me dejo ser un todo más que solo un personaje.

¿Tenés algún tipo de rutina de escritura, o un lugar y un momento predilectos para escribir?

No soy para nada metódica, de hecho soy bastante vaga. Por eso los espacios de talleres y la carrera de Escritura Creativa en la UNA son herramientas claves para que me siente a escribir. Necesito tener deadlines y lugares a los que llevar lo que escribo porque si no todo queda en el mundo de las ideas. Esos espacios me ayudan a autoimponerme una rutina y disciplina. Por lo general se me prende la lamparita a la noche, el escritorio se me llena de puchos y empiezo a escribir, pero para que eso pase necesito todo ese sistema detrás empujándome a sentarme y hacerlo.

¿Qué autor te da ganas de escribir cuando lees/ves sus obras?

Soy bastante cipaya para leer, supongo que es porque me crié con una tele con cable en mi cuarto desde muy chica. Sylvia Plath, Lorrie Moore y Vivian Gornick me gustan mucho. Sobre todo las últimas dos por su manera de narrar universos femeninos con mucho humor. Aunque me encanta leer mujeres y creo que de alguna manera algo de estas autoras hay en Campera, el cuento «Nadar de Noche» de Juan Forn fue bastante clave e inspirador para escribir la obra. 

¿De dónde surgió el proyecto de escribir Campera?

Campera es una historia que tenía ganas de escribir hace mucho pero no sabía cómo. Desde la muerte de mi hermano sabía que quería contar algo de eso, después me di cuenta que quería hablar de la muerte en sí, pero no me di cuenta de eso hasta que tuve la primera versión. Arrastraba imágenes desde esa cadena de mails que me mandaba a mí misma, algunos eran para él, escribía escenas sueltas y pensaba en la muerte como una espalda que se iba pero no terminaba de poder organizarlo. Hasta que en el taller de escritura de Mariana Chaud y en encuentros con amigos donde llevábamos nuestro material, fui encontrandole un marco y tomó forma de obra.

¿Cómo es el proceso de revisión de tus textos? 

Para revisar mis textos por un lado están los talleres y por el otro me hago una trampa que es: sin terminar una primera versión vuelvo siempre a lo que estaba escribiendo, lo cambio y sigo, entonces el final pareciera no llegar nunca. Pero llegar, llega. Al menos el de Campera. 

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2020 AUTORES DRAMATURGIA PRESENTACIÓN DE LIBRO

Rubbish, la obra de Patricio Ruiz, es parte del catálogo de Libros Drama

Rubbish: recital para maricas,viejas divas y albañiles ganó el Premio Estímulo de Dramaturgia en 2020.

Editada por Libros Drama, el sello de Ariel Farace dedicada a textos de dramaturgia argentina contemporánea, y con una ilustración de tapa realizada por la artista visual Flavia Da Rin, salió publicada en noviembre pasado la obra escrita por Patricio Ruiz y premiada en 2020 en la edición inaugural del Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo.

Durante la Ceremonia de Premiación de aquella primera edición, Alfredo Arias, miembro del Jurado, elogió la obra con estas palabras: «Ruiz resume una potencia poética que no he leído en ningún otro lugar últimamente. En la obra construye una suerte de trío entre una evocación de Manuel Puig, un hombre que se constituye como deseo marginal, y la aparición de esas eternas Rita Hayworth que están dando vueltas en la cabeza de Manuel Puig. Es un texto de una gran intensidad.»

Libros Drama, que ocupa un lugar poco explorado en el campo editorial argentino, el de poner en valor el texto dramatúrgico local y contemporáneo, también ha publicado recientemente la obra de José Guerrero, «Metrochenta», que obtuvo el Premio Estímulo a la Escritura de Dramaturgia en 2021, así como la obra de teatro «Sombras, por supuesto», de Romina Paula, miembro del Jurado en 2023.

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2023 AUTORES Cinco preguntas DRAMATURGIA

Cinco preguntas a Ivana Schiaffino

Ivana Schiaffino, ganadora del Premio Dramaturgia 2022 por su obra de teatro Tres centímetros de un frío infinito, responde cinco preguntas sobre su vínculo con la escritura.

1. ¿Cuándo empezaste a escribir?

Empecé a escribir a los once. Invitaba a casa a mi mejor amiga (Victoria) y escribía cuentos para que ella los leyese.

2. ¿En qué lugar y momento del día escribís? ¿Tenés algún tipo de rutina?

Me gusta escribir más a la mañana. Creo que de algún modo la cabeza está menos cargada de información del cotidiano y a su vez porque la luz que entra en mi casa me gusta mucho. Pero puedo escribir en cualquier momento del día también. A veces escribo en el living y otras en mi pieza siempre acompañada de mi perro: Hipólito.

No tengo rutinas, lo que me gusta hacer es dejar el celular en otra pieza para no distraerme y tener una botella con agua cerca.

3. ¿Qué autor te da ganas de escribir cuando lees/ves sus obras?

¡Un montón! Algunos que se me vienen a la cabeza ahora son: Samanta Schweblin, Mariana Enriquez, Camila Sosa Villada, Fernanda García Lao, Alejandro Zambra, Jose Sbarra.

4. ¿De dónde surgió el proyecto de escribir Tres centímetros de un frío infinito?

El proyecto surgió en la casa de Danae Cisneros, la actriz que interpreta la obra. Ella me comentó sobre la noticia del atentado a Mónica y juntas nos pusimos a buscar información sobre el tema. El suceso me dejó muy impactada y fue muy sencillo para mí encontrar esos puntos en los que podía profundizar para escribir el material.

5. ¿Un personaje de ficción con el que te sentarías a comer?  

Me gustaría sentarme con Agustina Londoño para que me lea la mano y creo que con Harry Potter porque fue muy importante en mi adolescencia.